MSR, Musée Saint-Raymond, musée des Antiques de Toulouse, musée Toulouse
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Place Saint-Sernin. Tél. : 05 61 22 31 44. Ouvert 7/7, de 10:00 à 18:00. Gratuit pour les - 18 ans. Gratuit pour tous chaque premier dimanche du mois.

 

Necrópolis


© J.-F. Peiré
© J.-F. Peiré
Una necrópolis de finales de la Antigüedad

En el sótano del museo, el visitante está al nivel de una de las necrópolis de Toulouse. Esta, al norte de la ciudad, se desarrolló considerablemente después de la inhumación del cuerpo de Saturnin, primer obispo de Toulouse, martirizado en 250. Entre 1994 y 1996, excavaciones arqueológicas permitieron descubrir, sólo en la superficie de este sótano, noventa y cinco sepulturas y los restos de setenta y nueve individuos.
 
Los objetos encontrados dentro de algunas sepulturas – frascos de vidrio, elementos de aderezo o monedas – son interesantes para los arqueólogos porque facilitan la datación de las tumbas. Algunas pertenecen a los siglos IV y V; se trataba de modestos ataúdes de madera, a veces calzados por ladrillos o guijarros, en los cuales se inhumaban tanto a los niños como a los adultos.
 
Durante los siglos V y VI, las sepulturas parecen menos anárquicas y más organizadas. Las tumbas de los niños o de las criaturas son muy modestas: están inhumados en ánforas cuyo cuello había sido roto. Varios objetos atestiguan los acontecimientos históricos y las relaciones económicas mantenidas por las poblaciones de aquella época.

© J.-F. Peiré
© J.-F. Peiré
Un horno de cal

Los vestigios del gran horno que está en esta sala constituyen un descubrimiento inesperado. Servía para la producción de cal utilizada en la fabricación del mortero.
 
El mortero de cal, particularmente resistente y eficaz, se conoce desde la alta Antigüedad. Para obtener cal, se trasforman las propiedades químicas de las piedras calcáreas o de los mármoles calentándolos.
El mármol, más que la caliza, permite obtener una cal de gran calidad; pero la temperatura de calentamiento debe ser más elevada.
 
Cuando fue descubierto, el horno todavía estaba lleno de vestigios de sarcófagos y de elementos arquitectónicos.
Esos fragmentos atestiguan la recuperación de magníficos monumentos construidos allí algunos decenios antes de la instalación del horno.
El horno, construido y utilizado entre la mitad del siglo V y la mitad del siglo VI, indica entonces el dinamismo de este barrio a finales de la Antigüedad; era necesario tener cal a disposición para la construcción de edificios.

© J.-F. Peiré
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Una extraordinaria colección de sarcófagos de finales de la Antigüedad

Gracias a su forma y su estilo de escultura, la mayoría de los sarcófagos presentados aquí pertenecen a tipos muy difundidos por el área geográfica que se extiende de la región de Béziers a la de Burdeos y de los Pirineos centrales a Rodez; y llamados “del suroeste de Francia”.
Es difícil datarlos con precisión a causa de la ausencia de inscripción. En la Edad Media y a veces hasta el siglo XVIII algunos estaban reutilizados para acoger a los difuntos de ciertas grandes familias; así los usaron los condes de Toulouse. En esa ocasión los grandes sarcófagos estaban colocados en el claustro medieval románico de la basílica Saint-Sernin que, con sus reliquias, representaba entonces un lugar muy privilegiado.
Pero otros sarcófagos conocieron un destino menos brillante y fueron convertidos en objetos utilitarios como abrevadero para el ganado, lo que explica las perforaciones groseras que se ven al nivel de algunas cubas y que permitían la evacuación del agua. 

© J.-F. Peiré
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Durante toda la Antigüedad, se privilegió el rito de la incineración que consistía en quemar el cuerpo del difunto y poner sus cenizas dentro de una urna colocada en una tumba. A partir del siglo II, numerosos paganos adoptan la inhumación y decoran sus sarcófagos con grandes escenas mitológicas o escenas de caza que recuerdan la muerte y el destino del alma. Los cristianos ponen definitivamente fin al rito de la incineración y siguen la tradición de los sarcófagos esculpidos; las imágenes remiten entonces a la nueva religión.
Así los sarcófagos expuestos demuestran la difusión del cristianismo en el suroeste de Galia.   


Sólo las familias más adineradas podían estar sepultadas en tales tumbas. A menudo muestran personajes de pie, debajo de arcos triangulares y separados los unos de los otros por columnas: son los apóstoles que rodean a Cristo, personaje central de esas representaciones. Tienen en las manos un volumen, rollo de pergamino precursor del libro, que se convierte aquí en el símbolo de la ley divina y su difusión. Unas escenas, en particular las que se inspiran de los Evangelios, son menos frecuentes pero indican los modelos romanos. Representan los milagros de Cristo como el del agua cambiada en vino durante las bodas de Caná (es su primer milagro) o la multiplicación de los panes. La mayoría de los sarcófagos privilegia una decoración vegetal y estilizada cuyo relieve está poco marcado, a base de follaje de vid que a veces puede ceñir en las altas tapaderas de cuatro lados los símbolos de Cristo. Pero se pueden distinguir también motivos abstractos, geométricos en forma de espiga.         

Esos sarcófagos esculpidos en el gran suroeste de Galia se pueden reconocer gracias a su gusto para el grafismo de las formas y una escultura más plana, menos saliente de las obras concebidas en Roma o en Provenza.     

Otros sarcófagos en esta sala son característicos del estilo de Roma o de Arles en el siglo IV como la parte de delante de la cuba atada a la pared de derecha, inmediatamente después de la puerta de entrada, el pequeño sarcófago expuesto en el centro de la sala y el fragmento de otra tumba que representa una de las imágenes más antiguas de la Virgen con el niño Jesús Cristo en los brazos. Esos sarcófagos, contrariamente a los que fueron creados en el suroeste de Galia, se caracterizan por una escultura de relieves fuertes.       

© J.-F. Peiré
© J.-F. Peiré
Una galería de inscripciones funerarias

Esta galería reúne inscripciones funerarias latinas grabadas en placas que, originalmente, se debían insertar en un monumento funerario o clavar en tierra para indicar el sitio de la tumba. Este tipo de inscripción se podía también grabar en urnas o cajas. 

Todas mencionan el nombre del difunto y de los miembros de su familia, y, a veces, algunas precisiones como su edad, su estatus jurídico o también el nombre del comanditario del monumento. Así la inscripción grabada en la urna de Marcus Cartimus Dextrus indica que se murió a los treinta y dos años, seis meses y veinticuatro días. Su esposa Varia Clymen, que mandó fabricar la urna, vivió con él durante veinte años: pues él se casó a los doce años.

A menudo las inscripciones se realizaban en vida de la persona. Entonces el comanditario mandaba empezar el texto con las letras VIV por vivos (“en vida de…”).
Cuando la persona ya estaba muerta en el momento en que se grababa el texto, se ponía delante de su nombre la señal theta (θ), abreviatura de la palabra griega thanatos “muerte”.        
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